Hacer un Erasmus ha sido una experiencia que, aunque no siempre ha sido fácil, sin duda ha valido la pena. Al principio cuesta adaptarse: estás en otro país, lejos de tu gente, y convives con personas que no conoces y que muchas veces tienen costumbres muy distintas a las tuyas.
Lo mejor del Erasmus es todo lo que te aporta a nivel personal y emocional. Aprendes a enfrentarte a situaciones nuevas, a resolver problemas por ti misma y a ver el mundo con otros ojos. Salir de tu rutina te hace descubrir cosas sobre ti que no sabías, y te da una sensación de libertad que es difícil de explicar.
La verdad es que Malta me ha dado momentos muy bonitos e inolvidables. He disfrutado de días de sol y playa, de cenas improvisadas con gente de diferentes países donde siempre había risas, y de fiestas que se quedan grabadas en la memoria. Además, a nivel profesional, he aprendido mucho en el trabajo y he mejorado mi nivel de inglés casi sin darme cuenta.En resumen, aunque hay momentos difíciles, este tipo de experiencia te cambia. Te enseña a salir de tu zona de confort, a valorar cada momento y a disfrutar del presente. Sin duda, lo repetiría.
